Fiesta improvisada ¿sin gluten?

Fiesta improvisada ¿sin gluten?

Pongámonos en situación: fiesta de amigos de amigos en la que te encuentras de casualidad. Sin planear y no conoces ni a la mitad. Por un lado es un compromiso, pero por otro te apetece ir y, ya de paso, te pones a prueba.

A prueba porque es de las pocas veces que me muevo en un entorno en el que la mayoría no conoce del reciente diagnóstico y algunos a pesar de saberlo, no tienen del todo claro lo que puedo o no puedo comer.

Me presento allí, a lo loco (con una mini bolsa de picos de pan que quedó hace 3 semanas en el fondo del bolso) y sin muchas expectativas.

Llego a esa terraza espectacular del amigo del amigo y lo primero que hago es visualizar (a modo de radar) qué es lo que puede caer en mis manos y posteriormente en mi estómago. Boles llenos de chuches: patatas, gusanitos, cortezas (si son de trigo ni de coña), cervezas (siempre hay cervezas en las fiestas de los amigos de los amigos), sándwiches, canapés, medias noches,…todo una pinta estupenda, pero claro,…¿qué hace una celiaca como yo en un sitio como este?.

Los picos los puedo dosificar pero, en fin, llegará un momento en el que tendré hambre atroz, digo yo…

Y te comerías todo lo que hay delante de ti de una sentada…

Pero, apelando a mi espíritu de sacrificio, a mi sentido común y a mi salud (sobre todo) prefiero no cagarla. Me bebo un vaso de Coca Cola (tampoco hay vino). Son las 20.49 y si empiezo con la Coca Cola ni Rita duerme esta noche. Bueno, sólo este vaso y ya.

Con la charla animada de los conocidos empiezo a hacerme hueco a ver si es posible pillar alguna bolsa vacía y leer ingredientes o ver la espiga barrada por algún lado.

(¿Qué buscas? […] ¿Celíaca? Ah sí, mi prima tiene una amiga que es celíaca, son esos que no pueden comer pan ¿no? Bueno, no sé porque esta chica se pone fina. Dice que el pan no lo deja). En ese momento comienza mi speech sobre lo que es la enfermedad celíaca, lo que supone el no tratamiento, lo que sí puedo y no comer (no sólo el pan) y enseguida interrumpen diciendo: Pruf, madremía ¿y qué comes? Yo no podría!!

En ese momento ya tengo un poco de hambre como para seguir contando mi vida, así que con la excusa de que tengo sed me desmarco del mini grupete y voy en busca de algo que me sirva. Voy hacia el anfitrión (a ver si puedo husmear en la cocina para quitarme esa pequeña molestia en forma de hambre que empiezo a tener). Mira en la cocina a ver si encuentras algo,

Entre avergonzada porque no le conozco de nada y curiosa paso a la cocina y claro, botellas y latas vacías,…Pero debajo asoma la punta de una bolsa sin abrir de patatas fritas (de las normales, aceite de oliva, patatas y sal. Sin gluten). Se me abre el cielo y las cojo en modo Gollum (mi tesoro). Vuelvo a salir contenta a la terraza convencida de que no tengo que soltar la bolsa pero empiezo a tener sed…Qué curioso: la gente poniéndose fina, a dos carrillos y yo con la bolsa de patatas de entrante, cena y postre…Ni de coña bebo más Coca Cola.

Vuelta a la cocina a por un vaso de agua.

¡Y que siga la fiesta! 🙂